domingo, 30 de noviembre de 2008

Distintos caminos


Ya no sé si fue la aurora, que te da envidia, que te mató en su momento. Quizá fueran las tardes de verano, en las que yo viví por no vivir, y no viví en querer vivir, sino en el acto, ayudado por tus palabras, solo por palabras, abrazos y poco más. Yo no sé si fue, aquel momento, en una tarde de otoño en la que la novedad se confundía con el deseo y el deseo con la novedad.

No sé si aborrecer, es la palabra. No lo sé.

En un día en el que despertar, no es pensar la misma mierda, sino en poder levantarme teniendo razones por las que seguir aquí. De esperar horas y horas sentado en la puerta trasera de tu casa, con solo la ilusión de escucharte y tocar tu nariz.

Dejar todo de lado, por buscar ese contrapunto que me hace reír y llorar, por poder rozar un poqo tus labios y en ellos perderme, sin recordar, sin pensar, sin tener que estar. Patadas en el costado, que hacen escupir sangre, que retuercen migrañas, que hacen mojar pestañas. Y, joder, ese “¿por qué?” es hoy muerte, que no deja de romper esperanzas de poder estar contigo, y no encontrarlo.

No poder enseñarte lo que siento, no porque no pueda, sino porque no se que coño hacer ya para que los veas. Si sigo siendo escaramuza, nudos que se atan y desatan, lagrimas que se lloran y evaporan, risas que se ríen, y solo eso, se ríen. Si solo soy un cacho de piel, si solo soy carne y hueso, no soy, no quiero ser.

Por fin conseguí perder el miedo, quizá volara a otro nido, quizá se posara en tus ojos… El error de tus palabras, el creer saberlo todo, y no saber nada. En vivir, también, en una suposición y poder evitarlo. Lo que las lágrimas escribieron, lo que los ojos tristes escupieron, lo que los abrazos rotos y los besos entrecortados querían ocultar, lo que quisiste decirme, y no supiste, la corta entendedera, el laberinto en el que sigo perdido, el no saber, yo tampoco, nada. Solo puedo decirte, solo puedes eso.

En cuestionarme, en saber que haré, y que no; en que debo, y en que puedo. Mi barco no tiene timón, porque es de papel; mi corazón no late a ritmo, porque no es corazón; mis canciones ya no son tuyas, porque entre el llanto, solo son ruido.

Aprender a contar con las manos, y con la frialdad de la mente, en la que si tu no quieres, no somos uno y dos, somos uno y otro. Aun así, en la inopia, en el insenstimiento, en el aburrimiento, sigues aquí.

Yo quizá no.

Y si me voy, que nunca lo sabrás ni sabré, jódete (y si me quedo, también), y si me voy, tranquila cariño, que nunca volveré.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Un sentimiento


Tengo el corazón parcialmente dividido. Dos opciones: enloquecer en la frialdad, o shk-shk… Puum. El día me ha regalado una noche más y seguir soñando bañado en sangre cancerígena y odio engrumecido no es la solución.

El sentimiento amargo, entumecido; la mente ilíada, invadida. Esa palabra que se cierne entre nuestros dedos, en el puro estado del morfema. Al pintar el muro de blanco, queme mi meñique de cal, pintando de blanco el muro de contención de mis sentimientos.

¿Dónde está el cuando del por que de “las cosas”? El metrónomo marca el ritmo de la pugna que no puedo continuar. Todo es acibarado cuando cuentas cuantas veces has contado. Divagando en el papel, la acepción de la purga de sentimientos se ha extraviado y no hago más que afligir y afligir.

He perdido la liza contra mi mismo, por lo menos hoy, y el placer de la derrota llora por las mermas. Música aciaga para todas las miradas quebrantadas y las manos corruptas, las péndolas sin tinta y las voces inexpresivas. Consuelos hipotéticos, la vida, factible. Depravado, insinuante, resuena en el eco de la cueva. La voz ronca y dulce que dice sin decir. En idiomas ajenos a la razón, son pálpitos en un marcapasos averiado, son pasos que suben escaleras y cortan respiraciones.

Flemáticos, corroen todo el pasado. Hacen olvidar por completo el amor, y recordarlo aun más. Hacen condolerme y que me abrase en oscilaciones. Consternación en los ojos y en el “qué será” y en el “qué dirá”. Siempre suspirando pasión y riendo inquina.

Se ha cortado el cable del teléfono. Aguzados dientes mordisquean cobre, que al tragar, ha envenenado el ansia del querer, y no poder.

El silencio ha vaciado el violín. Retumba el maullar del gato sosegado entre el frío y la lluvia, porque ¿lo oyes?, está empezando a chispear…

Tórrido el ánimo de acrecentar. Sube el humo por la chimenea y hace señales de humo que nunca encontró, y que quizá no quiera, quizá…

Frases sin terminar, historias sin clausurar, lexemas fraccionados en el núcleo, a falta de momentos que quiero vivir, de entes que ansío sentir.

Errando, quiero vivir así.

¿Qué es un sentimiento? ¿Qué es el sentimiento?

“Seguiré aparcado en tu doble fila… y esta la vida que yo quería para mi, pero no es la vida que tu querías para mi”

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Partículas que se mueven dentro del corazón


Pintar paisajes de los colores de tu vida, darle forma a lo abstracto. Expresarme como pueda, pero no entenderme.

Momentos, que son sentimientos, que provocan sensaciones, que son tentaciones, que son instantes, que son frases, que, objetivamente, son nada.

Corta la vida, pero largos los momentos. Fui abordado por piratas de la noche, que no me dejaron pernoctar. Me dejaron vacío y solitario, mirando carencia en el techo.

Las arañas tejen papeles en los cajones, y el nomo de debajo de la cama ha salido a respirar. Una perla se ha caído del collar de la luna, he resbalado con ella y me di de bruces con el vacío. No me importa que Jim Morrison ya no cante para mi, ni tampoco que mi barquitos naveguen en licor. Son los dedos amarillos de reconoceros en el aire, son las manos sudorosas de las dunas de la piel. La garganta se ha secado con recuerdos, son putas de colores bailando su canción.

Ladrones de pretensiones en ramas de olmedos roban silbido al viento en su instigo de soñar. Los bancos esperan en oír gemidos de insectos en el coto, esperas recelosas que no creen la eternidad, que ven la niña de la muerte acercarse a la oquedad del manifiesto. Oraciones de cobras, pidiendo el clamor de un suicidio leve, y el revolver del señor está en el ojo del huracán.

Compases a destiempo, ruidos del presente que originan la hecatombe, susurros del futuro que se perciben acullá. Música omnisciente en la que cabriolan notas tocadas por el hado, el sino de la carta se ha perdido en un cabaret, las damas levantan exiguamente sus enaguas, y el tahúr resignado se ha jugado hasta el jugar.

Sogas en burdeles de rústicas maderas rellenas de cartón, ventiladores cromados rezuman el aroma del alcohol, las rosas se conservan en licor de cereza y están embriagadas de falso amor, de insatisfacción, de rameras que venden lo indetentado, por circunstancias y razones, por excusas de pigmentos de toda la gama, por vivir o desvivir.

Se ha acabado la ración de la sazón de esta macedonia, de inestimular el paladar de la mosca, hoy pagaremos por conocernos, por vivir un poco mas, o mucho menos. Hoy somos menos que ayer y más que mañana, hoy es hoy, y he llamado a tu puerta y no me has abierto.

Buenas noches para los corazones rotos, ratas de sumideros viejos, gatos contendientes llenos de rozaduras abatidos por la biografía corrupta escrita por sus párpados cansados de curiosear. Para mendigantes de la nada, para borrachos abstraídos de la representación de la sustantividad, gentes de gentes que piensan en mucha gente y siguen sin derruirse. Buenas noches, fracasados en el juego.

Buenas noches, perturbados.

¿Sub/realismo o representación de la i/realidad?

La niña nos ha salido respondona. ¡Que tía más graciosa!

(Solo dos cosas cariño, ¿Recuerdas?)

lunes, 17 de noviembre de 2008

Cambio de Papeles


Los meses siguen pasando y sigo sin saber quien es quien. La gente sigue tropezando con las mismas piedras, el otoño este año es más gris que nunca, pero cantan los mismos pájaros, y la misma gente, sigue andando.

Ayer te conocí, entre hojas marrones y amarillas, de plástico, y solo tú puedes decidir si seguir conociéndote, o haberlo visto todo ya. Querer montarme en un tren y veros a todos bajo el sonido de la lluvia chocando con los raíles, entre hojarasca en árboles viejos y charcos de barro tras el cristal translucido. Y no poder, llorando como un niño, con los pies pegajosos de miel de haber roto el tarro de la cocina.

Me han guardado en el altillo esas plumas viejas y no alcanzo a la trampilla. Fuego que se refleja en la madera de mi habitación, luz tenue en el calor de un noviembre refugiado en emociones. Un mundo por descubrir, espejos donde reflejar nuevas imágenes.

Aquel texto audiovisual, que me hace recordar, el cambio de papeles. Cinco días ausentes en los que acabé por suponer que perdí la batalla, dame cinco minutos en los que colocar una bomba en el pestañeo de tus ojos.

Sigue habiendo guerras en pantallas de blanco, negro, y pocos colores más. Siguen estallando bombillas con el ruido de las palabras, sigue oyéndose el mismo himno en la oscuridad de mi dormitorio, sigo viendo el mismo humo devastador saliendo de mis heridas.

Pero ahora ríos de sangre llegaron a tus ciudades anunciando el caos, ahora el entendimiento huye en caravanas al toque de las campanas. Heridas que nunca cambian, en los mismos lugares, el dolor siempre es la misma evocación.

Intercambio de papeles en análogos momentos, tú eres quien, y yo soy nada descifrando charradas. Sintaxis de sentimientos en una sesera, que más que sesera, es el acordeón de bosquejos que evocan tus nanas antes de yacer en mi cama.

La verdad se ha escondido en un callejón, aterrada de oír y no discernir. Mete su cabeza entre las piernas, inclusera, esperando a que dejen de tronar mentiras, y ya no llora porque acabe todo esto, ya llora porque llora. Su ciénaga de lágrimas se ha plasmado en el plomizo asfalto, pero levantó la cabeza, y vio el paisaje de una soledad que no está tan sola, de una urbe sombría en la que empieza a amanecer. El suburbio oscuro refleja en los cristales rotos el destello de un nuevo día. No tengo miedo a volar, si me coges de la mano…

Un guijarro canta serenatas a la mariposa en su balcón, una chapa de cerveza recita poesía, todavía borracha, en el centro, una bota rota se quedo dormida en su azotea, una colilla besa enamorada al caracol, una oruga verde se ha perdido en el casco antiguo, una gota de agua ha salpicado al anillo perdido, la libélula se acostó con la hoja seca y acaba de despertar con sus ramas rodeándola…

Amanece mi imaginación.

¿Quién soy ahora?

¿Quién?

Tengo pendientes dos cigarros y medio


Crítica autodestructiva:

¿Y a quién le rezo ahora, si no tengo dios?

viernes, 14 de noviembre de 2008

No todo solo son olivos en Jaén


Pantalones serpenteando en mis rodillas, con dos palabras escritas en clave de un dilema, y un lapso que no se como ha pasado, porque quizá no lo haya hecho. Ósculos que saben a todos los colores, caricias que rozan miradas de todas las fragancias, y manos que son áspides y recorren todas mis hechuras. Dos cervezas y un tinto esperan lágrimas de cocodrilo para olvidar, ahora me río de ellas.

Quique nos espera con una guitarra que no suena, una canción, solo una por favor… Ahora todo me da igual, porque no hay un todo, por fin, solo hay un nada en el tiempo, sentir que estábamos separados, pero que nunca habíamos estado tan cerca, y tu cintura que baila en mi mano, que fue interrumpida por un bailoteo de la tuya.

Un beso perenne, un roce, y la congregación de tu boca y la letra de mi canción. Hoy se acabo el quebranto, la tribulación, la desdicha. Hoy se acabo la aflicción, la nostalgia, la melancolía. Hoy ha empezado otro poquito de de todo, y otro de nada. Y ahora sigo fumando de felicidad, y ahora algo que preguntar, otro sopesamiento que se llevará el viento hasta que un día llegue tu boquita con un dictamen aguardado.

¿Para qué coño te he querido hasta ahora? (No es a ti, cariño)

Unas escenas de matrimonio, un pitillo apagado, otra de las formas que aparecen en los mapas que dibujas cuando te desnudas, y poco más que contarte…

(Ya son dos cositas)

Y me da igual, te voy a comer entera de todas formas…

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Solo mía...


Mi libertad es solo mía. Si me desnudo en carne viva, no sé si escaparás. Si te digo abstracta, te encarcelo en la irrealidad; si me enamoro de ti, te recluyo en mi ansiedad. Tus alitas cortas no quiero romper, tus alitas rotas quieren ser las de gaviota en el mar, y navegar rasantes a los espejos de sal.

Guardada en una cajita llamada “fe”, conviviendo con la soledad, eres la única que queda. No fuiste una elección, buscarte en la utopía fue la única selección que tuve en un dilema proscrito.

Tengo tantas preguntas para ti, tanto que decir. Me han contado tanto sobre ti… Ansia de subsistir, anhelo de tu libertad, en el libertinaje de todas las palabras. Expresarte, ¿Cómo?, por eso busco en lo intrínseco de algo, que está dentro de alguien, que puede que sea yo. Paranoia: una palabra más…

Romper es el verbo que te tengo preparado para otra represión adherida a tus cadenas, que están aferradas al miedo a marchar. Alas mojadas, en una tarde de abril, que puse todo un mes de junio a secar, y solo un poquito, se pudieron escurrir. Tranquila, el óbito se acerca y pronto te podrás desencolar. La muerte es otro símil en el que te puedo enjaular.

Enjurarte tu albedrío resulta paradójico, pero ¿qué eres tu si no, más que un contrasentido itinerante, que quita la existencia y la da?¿Por qué no luchar contra lo abstracto? Buscar un beso tuyo y naufragar en mi propósito, y caer perdido en un arrecife lujurioso en el que solo puedo alimentarme del afán.

La puerta que se abre, siempre se cierra; un todo que empieza, y que se compromete a romperte al consumar. Buscaste en todas las ventanas de espíritus perdidos, y desalentada, te sacrificaste en tu antónima condena. Tuviste esperanza en un todo que ya, no existe. Nunca naciste y ya vaticinan fusilarte, quizá por esto te aprehendí en lo que no quiere existir, quizá en mi...

Ahora la euforia llega a tu ser, o lo que sea, porque ya no te puedo abarcar. Tus cadenas me pesan, y yo, nunca volveré, y así, tú tampoco podrás regresar. Despídete en la pesadilla de esta noche, ámame un poco, como yo te amé. Acuérdate de mí cuando navegues por está pequeña orbe, sigue buscando lo que no has encontrado, vive en esa quimera en la que ni yo, ni nadie, podremos soñar.

¿Por qué nunca me lo había preguntado? ¿Se puede luchar contra lo abstracto?

Mañana no estarás aquí.